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Pantallas en vacaciones: ¿cómo afectan al desarrollo de los niños?

Las pantallas, en vacaciones, se convierten para muchos niños y adolescentes en el ocio por defecto. La ruptura de rutinas y el exceso de tiempo libre no planificado crean las condiciones ideales para que cualquier dispositivo sustituya actividades esenciales para su desarrollo.

Según datos recientes, las vacaciones de verano elevan hasta un 30% el tiempo que los menores pasan frente a las pantallas respecto al resto del año. Sin embargo, el uso excesivo puede generar dependencia y retirar el dispositivo puede provocar irritabilidad, cambios de carácter e incluso síntomas depresivos. Por tanto, abordar este problema desde el principio es clave para prevenir estos problemas.

¿Qué ocurre cuando el ocio se sustituye por horas de pantalla?

La infancia y la adolescencia son etapas en las que el cerebro atraviesa periodos críticos de desarrollo, especialmente sensibles a los estímulos del entorno. El uso excesivo de pantallas durante este periodo puede interferir en varios aspectos clave como:

  • Desarrollo cognitivo: el tiempo de uso pasivo de pantallas se asocia negativamente con la función ejecutiva, las habilidades de resolución de problemas y el rendimiento escolar en matemáticas y ciencias.
  • Desarrollo emocional y conductual: estudios recientes establecen que el uso excesivo de pantallas se relaciona con conductas como hiperactividad, agresividad y problemas de conducta. El uso antes de dormir, además, se ha asociado con síntomas emocionales negativos.
  • Sueño: la luz azul emitida por los dispositivos interfiere con la producción de melatonina, la hormona que regula el ciclo del sueño. Según los datos, cada hora adicional de pantalla diaria se asocia con entre 15 y 20 minutos menos de sueño nocturno.
  • Desarrollo social: el tiempo excesivo frente a pantallas reduce las oportunidades de interacción social directa entre los más pequeños. Esta es esencial para el desarrollo de habilidades como la empatía, la comunicación y la gestión de conflictos.

 

El problema no es la tecnología en sí, sino el uso descontrolado y sin supervisión. Por todo ello, las vacaciones no son solo una oportunidad para descansar, sino también el momento ideal para reajustar hábitos digitales y recuperar el equilibrio entre el tiempo de pantalla y el resto de las actividades esenciales para el desarrollo.

Límites recomendados y alternativas para el tiempo libre

En España, la Asociación Española de Pediatría recomienda lo siguiente:

  • De 0 a 6 años no se recomienda el uso de pantallas. Como excepción, pueden utilizarse bajo supervisión adulta con un propósito específico, como escuchar cuentos o canciones.
  • De 7 a 12 años su uso debe ser inferior a una hora al día. Es importante limitar el acceso a internet y priorizar actividades saludables como el deporte, el contacto social y el descanso.
  • A partir de 13 años se recomienda pactar límites flexibles, siempre garantizando que el uso de pantallas no interfiera con el sueño, la actividad física ni las relaciones sociales y familiares.

 

En general, establecer horarios claros, designar zonas del hogar libres de pantallas y ofrecer alternativas saludables (deporte, lectura, juegos de mesa, manualidades), al tiempo que naturalizar que ‘no hacer nada’ en ocasiones es necesario puesto que la creatividad y el ingenio necesita del denostado aburrimiento como algo de lo que parecemos huir en la actualidad.

Disfrutar de experiencias como la de vivir 48 horas sin pantallas puede ayudar a que los más pequeños entiendan qué pasa, cómo se siente y los efectos a medio y largo plazo de una vida excesivamente mediatizada por las pantallas o con un uso coherente. Se debe dejar la sobreexposición a pantallas a un lado para resetear no el dispositivo sino el cerebro.

Recuerda:

  • Durante las vacaciones, el tiempo que los niños y adolescentes pasan frente a las pantallas puede aumentar hasta un 30% respecto al resto del año.
  • El uso excesivo de dispositivos puede afectar al sueño, al desarrollo cognitivo, al bienestar emocional y a las relaciones sociales.
  • Establecer límites claros y fomentar actividades como el deporte, la lectura o el juego al aire libre ayuda a mantener un uso equilibrado de la tecnología.