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¿Qué comer durante una enfermedad hepática?

El hígado es uno de los órganos más importantes del sistema digestivo. Es el responsable de funciones vitales como la metabolización de nutrientes, la desintoxicación del organismo y la producción de bilis. Sin embargo, no solemos ser conscientes del trabajo que realiza hasta que se ve afectado por una patología.

Las enfermedades hepáticas —como la cirrosis, la hepatitis viral o la esteatosis hepática (también conocida como hígado graso)— están en aumento. De hecho, se calcula que 1 de cada 5 españoles presenta riesgo de desarrollar algún tipo de enfermedad del hígado. En estos pacientes, la alimentación juega un papel fundamental tanto en la prevención de complicaciones como en la mejora del pronóstico.

Recomendaciones de nutrición en enfermedades hepáticas

No existe una única dieta para todas las enfermedades hepáticas; es por ello que las recomendaciones deben adaptarse a cada diagnóstico específico. Sin embargo, hay unas pautas generales que pueden servir de guía inicial.

  • Esteatosis hepática, o lo que comúnmente entendemos como hígado graso: Es fundamental reducir los alimentos altamente calóricos, como son los ultraprocesados y embutidos, que suelen ser ricos en grasas saturadas y los alimentos ricos en azúcares simples, como la bollería o los refrescos azucarados. Se recomienda aumentar el consumo de fibra a través de frutas, hortalizas, legumbres y cereales integrales, ya que esto ayuda a evitar la acumulación de grasa en el hígado y estimula la producción de bilis.
  • Cirrosis: Al tratarse de una fase avanzada del daño hepático, es importante adaptar el aporte proteico según el grado de función hepática. Además, se debe reducir la ingesta de sal para evitar la retención de líquidos, especialmente en pacientes con ascitis o edemas.
  • Hemocromatosis: Esta condición implica una acumulación excesiva de hierro en el hígado. Por tanto, se deben evitar alimentos ricos en este mineral, como carnes rojas, mariscos, espinacas, acelgas y frutos secos. También se recomienda tomar los alimentos ricos en vitamina C fuera de las comidas principales, ya que favorece la absorción del hierro y el objetivo es reducir su absorción.
  • Hepatitis C: Es una enfermedad causada por el virus de la hepatitis C, que puede causar inflamación crónica del hígado. Se recomienda reducir el consumo de hierro y de sal, así como evitar el alcohol. Una alimentación rica en antioxidantes (como los presentes en frutas y verduras) puede ayudar a contrarrestar el estrés oxidativo provocado por el virus.

 

En líneas generales, las personas con enfermedades hepáticas deben:

  • Eliminar por completo el consumo de alcohol.
  • Reducir las grasas saturadas y los azúcares añadidos, presentes en alimentos de bajo valor nutricional.
  • Priorizar alimentos frescos, cocinados al vapor, al horno o hervidos, evitando frituras y rebozados.
  • Mantener un buen estado nutricional, ya que tanto la desnutrición como el sobrepeso agravan el daño hepático.
  • En algunos casos, puede ser necesario el apoyo de un profesional en nutrición para diseñar un plan individualizado.

 

Una dieta equilibrada junto con ejercicio físico moderado puede contribuir significativamente a mejorar la calidad de vida y frenar la progresión de las enfermedades hepáticas.

¿Se puede proteger el hígado a través de la alimentación?

Diversos estudios han identificado alimentos que pueden contribuir a mantener la salud hepática o incluso mejorarla en personas con enfermedades hepáticas. Estos son algunos de ellos:

  • Ajo: Gracias a su contenido en compuestos sulfurados, pueden ayudar a reducir la acumulación de grasa en el hígado. Además, tiene propiedades antiinflamatorias y antioxidantes.
  • Cúrcuma: La curcumina, su principio activo, ha demostrado tener efectos hepatoprotectores frente al estrés oxidativo, inflamación y fibrosis hepática. Además, favorece la regeneración del tejido hepático dañado.
  • Nueces: son ricas en ácidos grasos omega 3, arginina y glutatión, nutrientes que mejoran los niveles de enzimas hepáticas y reducir la inflamación del hígado.
  • Verduras crucíferas: El brócoli, la col rizada o las coles de Bruselas, ayudan a neutralizar y eliminación de toxinas gracias a la acción de sulforafano y glucosinolatos. Así mismo, el consumo regular de estas verduras se asocia con una menor acumulación de grasa hepática.
  • Té verde: Tiene un alto poder antioxidante atribuido a las catequinas. Además, consumido con regularidad, puede reducir el estrés oxidativo, mejorar la sensibilidad a la insulina y disminuir el riesgo de desarrollar enfermedades hepáticas como la esteatosis.

 

El hígado es un órgano resistente, pero eso no quiere decir que podamos descuidarlo. Por eso, es importante prestar atención a aquellas señales inespecíficas pero relevantes como es la fatiga persistente, pérdida de apetito, náuseas, ictericia, orina oscura o hinchazón abdominal, que nos pueden hacer sospechar de que este órgano esté dañado.

Realizar revisiones periódicas y mantener un estilo de vida saludable junto con una dieta equilibrada es fundamental para prevenir complicaciones y mejorar o mantener nuestro hígado sano.

Recuerda:

  • Una alimentación adecuada es clave para prevenir y contribuir a mejorar enfermedades hepáticas como el hígado graso, la cirrosis o la hepatitis.
  • Se recomienda reducir el consumo de alcohol, grasas saturadas y azúcares añadidos y es importante aumentar el consumo de fibra, a través de hortalizas y cereales integrales.
  • El ajo, la cúrcuma, el té verde, las crucíferas y las nueces son aliados naturales para proteger la salud del hígado.